Los cañones: historias escondidas tras un mirador

Hay un lugar único en Barcelona donde la ciudad se rinde a tus pies.Ese lugar está en el barrio de Can Baró, en la cima del Turó de la Rovira. Es un mirador, el mejor de la ciudad sin ninguna duda. Los jóvenes y, cada vez más, los turistas, van allí en una especie de peregrinaje para pasar una tarde mirando a la ciudad, ni que sea por unos instantes, por encima de las nubes. Sus manos casi pueden tocar el cielo y cuando alzan la vista, y ven la ciudad allí abajo, se sienten grandes y muy pequeños a la vez.

Increíbles vistas al Eixample. Desde este mirador se aprecia toda la ciudad, 360º de vistas.

Increíbles vistas al Eixample. Desde este mirador se aprecia toda la ciudad, 360º de vistas.

Dos jóvenes disfrutando del lugar.

Dos jóvenes se relajan mientras disfrutan de las vistas.

El lugar se llena de jóvenes que van a pasar el rato disfrutando de un enclave privilegiado.

El lugar se llena de jóvenes que van a pasar el rato disfrutando de un enclave privilegiado.

Lo que quizás desconocen esos nuevos y curiosos visitantes es que la cima de esta montaña esconde mucho más que un simple mirador. Su pasado se forjó a golpe de Historia e historias que se perdieron con el tiempo. Pero si uno intenta imaginar, si cierra los ojos, quizás aún pueda escuchar los ensordecedores disparos de los cañones que intentaban proteger la ciudad de los intensos bombardeos fascistas. Y si sigue imaginando, quizás escuche las risas e idas y venidas de los niños que luego vivieron allí, en barracas construidas por los que buscaban oportunidades y esperanza. Pero estas historias quizás merezcan un poco más de detenimiento.

La historia del Turó de la Rovira, de su cima, empieza con una triste palabra: guerra. Durante la guerra civil española Barcelona fue castigada incansablemente por más de doscientos bombardeos en un corto periodo de tiempo. Eran bombas dirigidas a los hombres, mujeres y niños que vivían en la ciudad. Bombas programadas para minar la esperanza y para aterrorizar. Los aviones que sobrevolaban la ciudad sembraban muerte y destrucción a su paso, y poca era la resistencia que encontraban ya que, por aquel entonces, sólo había baterías antiaéreas en Montjuïc. Fue entonces, en el año 1937, cuando se construyó una batería antiaérea –que llegaría a tener cuatro cañones- en la cima más alta de la zona: el Turó de la Rovira.

Lugar donde se situaba uno de los antiguos cañones Vickers.

Lugar donde se situaba uno de los antiguos cañones Vickers.

Tras el penoso final de la guerra, que dejaría a España sumida en más de treinta años de horrible dictadura, la batería antiaérea fue abandonada a su suerte, dejando que el óxido y el tiempo hicieran inservibles unos cañones que ya no tenían más fin que el de morir. Pero es extraño como la propia existencia puede dar la vuelta a las cosas y la muerte dio paso a la vida. En el periodo de postguerra, Barcelona y este barrio en particular serían el destino de una gran masa de inmigrantes que dejaban su hogar para buscar trabajo y mejores condiciones de vida. La joven ciudad buscaba mano de obra para construir la gran Barcelona que vemos hoy. Y justo en este momento, en nuestra historia aparece una nueva palabra: barraquismo. Los inmigrantes, con precarias posibilidades adquisitivas cuando llegaban a la ciudad, empezaron a construirse sus propias casas con los materiales que buenamente podían conseguir, algunos incluso obteniéndolos de las obras y construcciones donde trabajaban.

El Carmel y Can Baró, ubicados en las afueras de la ciudad, atrajeron gran parte de esta corriente. Y así, la antigua batería antiaérea volvió a tomar vida para conocerse como “Los cañones”. Aprovechando las estructuras militares, allí mismo se erigieron barracas y chabolas donde vivían familias enteras, al principio sin agua corriente ni electricidad. Tras el paso de los años, los habitantes de las barracas, mediante la Asociación de Vecinos, empezaron a luchar para mejorar sus viviendas. Fue una lucha larga pero consiguieron cambiar las cosas. Primero fue el servicio de recogida de basuras, después llegó la electricidad y finalmente el agua corriente. Y cuando lo tuvieron todo, quizás para marcharse con la cabeza bien alta y sabiendo que habían luchado y habían ganado, dejaron las barracas. Las baterías antiaéreas que se habían transformado en el hogar de muchísimas familias, volvían a estar abandonadas a su suerte.

Parte de las antiguas baterías y barracas.

Parte de las antiguas baterías y barracas.

Baldosas de las antiguos suelos de las barracas.

Baldosas de las antiguos suelos de las barracas.

Así permanecieron durante treinta años, olvidadas hasta hace muy poco. Nuevamente, el movimiento vecinal de la zona ganó su reivindicación por preservar y recuperar esta zona tal y como era, para darle la valía que se merecía y declararlo espacio patrimonial de alto valor histórico y paisajístico. Los cañones se transformarían en un espacio museístico vivo para el conocimiento y disfrute de todos.

Fue justo antes de su rehabilitación, en el año 2011, cuando conocí por primera vez la historia de Los Cañones. Mi amigo Jordi Busquets, publicista de profesión y guionista por vocación, dirigió el documental Los cañones, els antiaeris del Carmel que precisamente buscaba despertar la curiosidad por el pasado del barrio e invitaba a reflexionar sobre el valor de la memoria histórica. En apenas treinta intensos minutos uno se da cuenta de la importancia de descubrir lo que esconde un lugar bajo su superficie. Porque ahí es donde radican las historias. Las grandes historias.

Los Cañones.

Los Cañones.

Hoy, cualquiera puede visitar este mirador. Muchos llegan, miran boquiabiertos la ciudad a sus pies, sacan sus cámaras de última generación para tomar unas cuantas fotografías y se van. Otros, en cambio, buscan, indagan, rascan bajo esa primera capa de polvo que lo inunda todo con el paso de los años. Esos son, sin saberlo, los grandes afortunados.

 

 

AnaMGuiot

Me llamo Ana María Guiot. Tengo 30 años, suelen echarme 25 y, por mi forma de ser podría tener 20. Me gustan muchas cosas: el cine, instagramear todo lo que es bonico, leer, la música indie, las gafas de pasta, viajar, escribir y reírme. Reírme mucho.
  • http://www.laproximaparada.com/ José Carlos DS

    Las vistas desde ahí arriba son espectaculares, pero aún no he tenido oportunidad de subir, me lo apunto sin falta para una futura visita a BCN :D

    • AnaMGuiot

      Las mejores vistas de la ciudad. ¡No te arrepentirás si lo visitas! :)