Bangkok = CHAOS

Son las 5 de la mañana. Acaban de llamar a la oración y aquí ando escribiendo este post. Creo que mi cuerpo aún no se ha habituado a su nuevo horario y hace cosas extrañas. Las noches se me hacen eternas, me despierto mil veces, acabo madrugando muchísimo y como resultado, al día siguiente a las 17 ya no puedo con mi alma.

Tras 6 días en Bangkok tengo claro la palabra que define a esta ciudad. CAOS. Un caos infinito e inmutable de instantes que pasan ante ti y que –cuidado– pueden arrollarte. Con más de 8 millones de habitantes Bangkok es un coloso bestial que puede hacerte sentirte insignificante y desesperada, si no sabes cómo tratarla.

No mentiré. Bangkok tiene muchísimas cosas que odio: es gigantesca y muchas partes están mal comunicadas, el tráfico es insoportable, hace un calor espantoso, hay ruido, no hay una puñetera acera en condiciones, el timo es el pan nuestro de cada día, regatea-regatea-regatea-regatea-regatea-regatea-regatea-regatea-regatea, prepárate para que la pobreza te de una bofetada en la cara y te diga “¡Aquí estoy yo!”… Como ves, no es una ciudad que te lo vaya a poner fácil, nada fácil. Supongo que por eso, los primeros días de mi visita a Tailandia (hace ya 3 años) la odié con todas mis fuerzas. Pero Bangkok también sabe conquistarte poco a poco. Y una ciudad debería mirarse por sus cualidades y no por sus defectos. Como cualquier cosa en esta vida. ¿Acaso hay algo perfecto?

Bangkok también es un caos infinito de sonrisas, de gente que realmente se interesará por ti y te ayudará. Es una perfecta amalgama de culturas. Tiene una arquitectura preciosa, hay algunos Wats que son auténticas obras de arte, “turisteadas aparte” es muy muy barata, es un paraíso para los que nos gusta comer y probar cosas nuevas y, creedme, ¡se puede comer sin que tu boca acabe abrasada por el picante! Hay mercadillos everywhere you look así que si te gusta ese rollo te vas a volver loca comprando. Hay algunos estilismos –y gafas de pasta– tan atrapados en el tiempo que de repente son vintage y eso mola. ¡A mí me molan! Tiene un punto exótico que notas solo con pronunciar el nombre y lo mejor de todo ¡está viva! La ciudad se despereza bien temprano, los vendedores preparan sus humildes puestecillos en la calle. Empieza el traqueteo, la murmullo thai, el movimiento, Bangkok se despierta. Y a medida que avanza el día el desparpajo crece para acabar explotando en una noche que te invitará a seguir despierta y no irte a la cama.

Esto es Bangkok señores y señoras. Bienvenidos al caos.

 

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Chinatown.

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Puestecillos en plena calle en Chinatown.

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Vendedora ambulante en talat mai (mercadillo en Chinatown).

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Wat Benchamabophit.

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Vistas de la ciudad desde el bar Red Sky.

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Skyline de Bangkok desde el río Chao Phraya.

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¿Te gusta el street food? ¡Bangkok es tu ciudad!

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Muelle en el Chao Phraya.

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Esperando al ferry.

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Motos aparcadas en el barrio de Silom.

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El paraíso de las fans de Hello Kitty.

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Santuario hindú de Erawan.

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Scala cinema, el cine más antiguo de la ciudad.

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El tráfico al que cogerás tantísimo cariño.

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Calle en Silom.

 

 

AnaMGuiot

Me llamo Ana María Guiot. Tengo 30 años, suelen echarme 25 y, por mi forma de ser podría tener 20. Me gustan muchas cosas: el cine, instagramear todo lo que es bonico, leer, la música indie, las gafas de pasta, viajar, escribir y reírme. Reírme mucho.