Y al tercer día tiró la bicicleta por la ventana

Son las 8am y estoy tirada en la cama intentando encontrar motivos suficientes para volver a subirme a la bicicleta infernal que está aparcada en la entrada de mi guesthouse. Para volver a Angkor en mi último día de visita.

La intríngulis empezaba ya antes de llegar a Siem Reap. Angkor me planteaba la eterna pregunta de los que pasan por aquí: ¿1 día o 3 días para visitarlo? Primero lo tuve claro: ya que estaba en Siem Reap, ya que iba precisamente a ese lugar a ver las ruinas de Angkor y ya que no tenía prisa, cogería el pase de 3 días y en Siem Reap estaría como mínimo, otro más.

Fue entonces cuando se me ocurrió mirar uno de los blogs de viajeras que más me gustan, el de Carmen y su “Trajinando por el mundo”. Me daba curiosidad ver qué había hecho ella y ¡zas! Me encuentro con que eligió la opción de 1 día, en principio para ahorrarse los 20$ más que cuesta la entrada de 3 días (1 día = 20$ / 3 días = 40$). Como ya pensaba y verifiqué, se pueden visitar los templos más importantes en solo un día aunque vayas en bicicleta (si lo haces en tuk tuk sin problemas) pero el palizón será importante.

 

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El primer templo con el que nos encontramos, el Angkor wat.

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El Bayon con sus 216 caras y sus 54 torres góticas. Impresiona, aunque mejor verlo cuanto antes, se llena muchísimo de gente.

Baphuon

El Baphuon, otro de los grandes.

Phimeanakas

Detrás del Baphuon encontramos el Phimeanakas.

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Alrededores del Phimeanakas.

 

De repente volvía a tener dudas, ¿1 día o 3 días? Y empiezas a pensar la de cosas que puedes hacer con 20$ (comer barato durante 3 días o 2 noches de hotel, por ejemplo). La cosa no se pone fácil. Decidí visitar otro de los blogs que más me gustan “Viajando por ahí” de Aniko Villalba. Ella había elegido 3 días. Genial. Cada una apostando por una cosa diferente.

Lo que sí habían hecho las 2 era visitar el parque en bicicleta, cosa que yo también tenía clara. El parque es precioso, está en medio de la jungla, y atravesar esas rectísimas y eternas carreteras con los sonidos de pájaros, monos y otros insectos como banda sonora, resulta encantador. Ni qué hablar de las magníficas arboledas que custodian dichas carreteras y que te gratifican no sólo con su belleza sino también con la tan ansiada sombra.

Bien. Tras meditarlo un poco más volví a mi opción inicial. Cogería el pase de 3 días, visitaría todo el parque y disfrutaría poco a poco de él. Sin prisa pero sin pausa. Y en bicicleta.

 

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Así son los caminos en Angkor. Infinitos.

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La terraza de los elefantes, frente al Baphuon.

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Con 350m de largo, esta terraza se utilizaba como palco para presenciar ceremonias públicas o celebrar audiencias.

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Relieves de apsaras (ninfas celestiales) en la terraza del rey leproso, junto a la terraza de los elefantes.

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Puerta norte del Angkor Thom.

 

La pregunta que debéis haceros vosotros si llegáis a este punto es: “¿por qué estoy en Siem Reap?” Si habéis viajado hasta esta ciudad en un 99,9% de los casos será para visitar Angkor. Si se tiene tiempo y dinero, ¿por qué tener tanta prisa y hacer la visita en un solo día? Las jornadas en Angkor son agotadoras y sí, SIEMPRE hay un momento del día en el que piensas “estoy cansada, sucia y hasta los mismísimos de tanta ruina”. Porque por muy bonito y espectacular que sea, Angkor acaba doblegando hasta al espíritu más aventurero y emprendedor. No olvidemos que el parque tiene más de 400km2, es MUY MUY MUY grande y hay muchos templos. Así que en ese punto, cuando todas las piedras empiecen a pareceros iguales, es cuando debéis iros y dejarlo para el día siguiente. Así es como más lo disfrutaréis.

Recomendación que, por cierto, yo no he seguido. Fallo de cálculo, supongo. Y ahí radica la importancia de planificar bien los recorridos. De distrubuirlos equitativamente para disfrutar bien de los 3 días en el parque.

 

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El Preah Khan es uno de los templos que más me gustó.

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Relieve en el Preah Khan.

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Este emplo albergó a más de 1000 maestros y se cree qeu quizá fue una universidad budista.

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El templo es un laberinto de corredores y ruinas cubiertos por líquenes.

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El Preah Neak Poan. Lo mejor, llegar hasta él.

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Más adelante el agua se cubre de plantas acuáticas. Es realmente bonito.

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El Ta Som. En bastante buen estado comparado con otros.

 

Me habían dicho que Angkor era muy grande pero viendo el mapita en mi Lonely Planet pensé que no sería para tanto y que, fácilmente y con ayuda de mi bici, podría hacer el 1er día el circuito grande, el 2o el pequeño y el 3o repetir lo que más me gustara o visitar lo que faltara (si me faltaba algo).

Bien, el primer día me comí de una sentada más de 40 km en bicicleta, eso sin contar lo que caminas para llegar a los templos, visitarlos, las subidas y bajadas de escaleras, etc. etc. Creo que es el día que me he sentido más sucia en toda mi vida porque es inevitable, una capa de polvo se adherirá a ti, con la ayuda del sudor, como si no hubiera un mañana. Da igual cuántas veces me limpiara las manos soy muy maníatica con lo de llevar las manos limpias con mi botellita de gel higienizante. Los pies ni los miraba porque bajo el calcetín también asomaba arena y suciedad. Rascarse y te rascarás porque seguro que algún simpático mosquito te pica, significaba acabar con más suciedad y arena bajo las uñas. Vamos, que te conviertes en un trapo sucio y débil en manos de un Angkor cruel y despiadado. Se ríe en tu cara mientras tú vas con tu humilde bicicleta de aquí para allá.

 

Thommanom

El pequeño Thommanom.

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El famoso Ta Prohm eregido por Jayavarman VII a partir de 1186.

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La jornada del primer día se alargó de 8am (cuando salía del hotel) a 7pm (cuando llegaba). Una locura de más de 11h en las que no conseguí acabar el circuito grande. Bueno sí, lo recorrí con la bici porque el camino es el camino y no hay atajos que valgan cuando estás en según qué puntos, pero no visité los templos del final. Llegué al hotel derrotada y dispuesta a darme la mejor ducha de mi vida.

El segundo día, ayer, me levanté a las 4 de la mañana para ver el amanecer en Angkor wat. Como explico en mi anterior post, mi cuerpo ya empezaba a resentirse. La intención era hacer el circuito pequeño. Comparado con el del primer día en principio sería un juego de niños. Llegaba al parque a las 5:15am y salía a las 11am. Seis horas sin contar la ida y vuelta al hotel. Mucho mejor que el primer día pero súmale otros 30 km más en bicicleta, más el cansacio de las visitas.

Hoy es la tercera jornada. ¿Qué me queda por visitar? Algunos templos secundarios del circuito grande. Los que están más alejados. La idea de subirme otra vez a la bicicleta y echarme como mínimo otros 20-30 km no resulta NADA tentadora. Lo que yo haría ahora sería mandar a la mierda a la bicicleta y a su maldito candado. Así que aquí estoy, debatiéndome entre el: “¿voy o no voy?”. Y pese a todo, pese al cansacio, el sol, el sudor, la sucidad, las jornadas agotadoras, los precios disparatados*, la locura de convivir con minibuses, motos y tuk tuks que te adelantan a escasos centímetros y la estúpida bicicleta. Pese a todo ESO solo me quedo con lo bueno. Con un lugar que fue el epicentro de un gran imperio y que, aún contemplando hoy sus ruinas no debemos ni acercarnos a imaginar el esplendor con el que debía brillar.

 

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El Banteay Prei. Minúsculo, en ruinas y totalmente olvidado por los turistas.

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Banteay Kdei.

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Paisajes con los que disfrutaréis en vuestra visita. ¡No todo es jungla!

 

Mi recomendación final: 3 días, bicicleta y distribuir equitativamente el recorrido. Por ejemplo: si ahora volviera a visitar el parque yo haría el circuito pequeño en un día y el circuito grande en los otros dos. Y con un día de descanso entre medio (puede hacerse). Desde luego también podéis optar por la vía “cómoda” e ir en tuk tuk de un templo a otro; o incluso contratar a un guía que os irá contando con más detalle la función, historia, etc. de cada templo. Es una genial opción si os lo podéis permitir.

¡A disfrutar del esplendor de Angkor!

 

*Consejo extra: No comáis en el parque, se aprovechan y es un robo. Como mucho podéis comprar las frutas que dan por el camino. Son dulces y os refrescarán. En cuanto al resto llevaos bocatas o snack para picotear. ¡Mucho mejor!

 

 

AnaMGuiot

Me llamo Ana María Guiot. Tengo 30 años, suelen echarme 25 y, por mi forma de ser podría tener 20. Me gustan muchas cosas: el cine, instagramear todo lo que es bonico, leer, la música indie, las gafas de pasta, viajar, escribir y reírme. Reírme mucho.