“Haciendo nada” en Battambang (II)

Al día siguiente me levanté temprano y un mar de dudas me asaltó de repente. ¡No había nada que hacer en Battambang además de las excursiones! Solo ver las “casas coloniales” del centro y darme una vueltecilla. Eso lo haría en un par de horas… ¿¡qué haría el resto de día?! ¿¡Y al día siguiente?! En Battambang sufrí el síndrome de “tengo-que-hacer-algo-todo-el-tiempo-o-muero”. Me dio un ataque fuerte. Fue tal que empecé a pensar si debía marcharme al día siguiente y me fui directa a descubrir si podía llegar directamente a Kep (mi próxima parada) y cuánto tardaría.

Mi paseo matutino por el norte de la ciudad donde estaban las oficinas de transporte solo me dio más ganas de dejarla. Hacía un calor de escándalo y parecía que solo había polvo, suciedad y escombros por las calles. En Asia tienes que acostumbrarte a todos esos sustantivos porque te los encontrarás ciudad tras ciudad, pero ese día yo no estaba para historietas y recordaba con añoranza a mi querida Siem Reap. Tras darle mil millones de vueltas, y navegar un poco por Internet gracias Internet por existir descubrí que podía hacer un curso de cocina cosa que por supuesto haría, ¡tenía que hacer cosas! por lo que finalmente me marcharía cuando estaba previsto y no antes.

De repente la idea de hacer un curso de cocina me alegró el día. Tenía previsto hacerlo en la última jornada de mi estancia pero por una confusión acabaron inscribiéndome para ese misma tarde. ¿Qué más daba? No tenía nada que hacer. En el curso conocería a Amanecer. Una chica española que también se había apuntado y que acabaría acompañándome los siguientes 5 días de mi viaje. Estábamos las 2 por nuestra cuenta en Battambang. Cocinamos, nos echamos unas risas, cenamos lo que habíamos preparado y luego nos fuimos a tomar algo. Quizá “no hacer nada” en Battambang no estaba siendo tan malo, al fin y al cabo.

 

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Preparando el fish amok, un plato muy tradicional en Camboya.

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Cociéndose en la vaporera ^^

 

Me fui a la cama la mar de contenta y a la mañana siguiente volví a quedar con Amanecer para ver unas cuantas pagodas de la ciudad. Recorrimos la parte este y la ribera que resultó ser mucho más bonita que la parte norte, desde luego. Por la tarde Amanecer se iba a hacer la excursión que yo había hecho el primer día y a la vuelta, nos íbamos corriendo a ver un espectáculo de la escuela de circo Phare Ponleu Selpak, con bastante renombre internacional. Yo no soy muy amante del circo pero me pareció estupendo que aquí se les de salida a unos chic@s que quizá estarían en la calle, como tantos otros que ves en este país. Así que pagué con gusto los 10$ y disfruté del espectáculo. Fue divertido.

 

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Desayuno a lo grande en el mercado local. Las tortitas estaban de escándalo oye. Y, cómo no, tiradas de precio.

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Un puestecillo local de plátano frito. Súper rico y de nuevo, baratísimo.

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La estancia en Battambang acababa aquí porque en unas horas nos subiríamos a un bus nocturno rumbo a Koh Rong. Sí, la ruta había vuelto a cambiar. Amanecer quería ir a la playa y como yo tenía tiempo y Koh Rong también era uno de los posibles destinos que había contemplado, me daba igual cambiar el orden. Kep debería volver a esperar.

Y aún así, después de una excursión donde me subí a un trenecito de bambú, de ver a millones de murciélagos irse a dar una vuelta, de cocinar platos jemeres tradicionales como el fish amok o el beef lok lak, de conocer a Amanecer, de visitar unos cuantas pagodas, de probar uno de los mejores desayunos de mi viaje y asistir al espectáculo del circo Phare, seguía teniendo la sensación de que en Battambang no se podía hacer absolutamente nada. De hecho, yo no había hecho nada de nada de nada. ¿O sí?

 

 

AnaMGuiot

Me llamo Ana María Guiot. Tengo 30 años, suelen echarme 25 y, por mi forma de ser podría tener 20. Me gustan muchas cosas: el cine, instagramear todo lo que es bonico, leer, la música indie, las gafas de pasta, viajar, escribir y reírme. Reírme mucho.