Mikeladas #3 – Pol Pot, otro cabrón más para la historia

Si digo Pol Pot, la inmensa mayoría no sabrán quién es. Si digo “Jeremes Rojos” quizá algunos sepan algo, o les suene el nombre. Pero en realidad, cuando llegas a Camboya te das cuenta de lo poco que sabemos en occidente de la historia moderna de Asia.

Pol Pot y su partido, los Jeremes Rojos, pasarán a la historia por ser los responsables del genocidio camboyano sufrido desde que alcanzaran el poder por la fuerza, en 1975, hasta la liberación del país por parte de los vietnamitas en 1979.

Los jemeres rojos implataron un gobierno del miedo y el terror que asoló a Camboya o como ellos la denominaron, Kampuchea Democrática y a sus habitantes. Tras decretar el “año cero” de una nueva era sometió a la población a trabajar en el campo donde malvivían como verdaderos esclavos, suprimió cualquier tipo de educación (uno de sus eslogans era “Estudiar no es importante. Lo que importa es el trabajo y la revolución”) y todos los intelectuales del país fueron perseguidos y eliminados. Se estima que 1,7 millones de personas desaparecieron durante esos años debido a los trabajos forzados, las enfermedades, la hambruna y la eliminación sistemática.

Ayer fui al museo de Tuol Sleng que, en la época de los Jeremeres Rojos, fue la temida cárcel de seguridad 21 (S-21). Los Jemeres ocuparon esta antigua escuela y convirtieron sus aulas en auténticas zonas de tortura y celdas. Era un lugar donde llegabas para morir. Se dice que cada día aquí se asesinaban a más de 100 personas.

 

s21

Uno de los edificios de la S-21. En el patio también se realizaban torturas.

grilletes

Grilletes que llevaban todos los presos.

celdas

No os imagináis lo estremecedor de recorrer estas celdas. Las paredes eran de madera, en otros pisos estaban hechas con ladrillos puestos de cualquier manera.

 

Recorrer las aulas del museo y ver las miles de fotografías de todos los que pasaron por allí es realmente sobrecogedor. Tengo que admitir que no tenía un gran día y viendo aquello se me quedó muy mal cuerpo, tanto que incluso tuve ganas de vomitar. Se pueden ver fotos de mujeres, niños, jóvenes, ancianos… daba igual. Todos eran “enemigos”. Y todos los que aparecen en esas incontables fotografías acabarían muriendo allí de las formas más horribles. ¡Había algunos que incluso sonreían a cámara! ¿Acaso no sabían lo que les esperaba? Pobres…

Como en otras dictaduras, daba absolutamente igual que no hubieras hecho nada, cualquiera podía denunciarte y eso significaba tu sentencia de muerte, para ti y para toda su familia. Las insoportables y continuas torturas en la S-21, si no te mataban, conseguirían que confesaras lo que nunca habías hecho, o lo que nunca habías dicho. Y tras esto, te elminiarían en el campo de exterminio de Choeung Ek a 14 kilómetros de la ciudad. Normalmente con un golpe en la cabeza, para no desperdiciar la munición. Así se ejecutaron a entre 14000 y 20000 personas.

Lo terrible de todo esto es que los Jemeres Rojos continuaron existiendo hasta prácticamente 1998. Nadie los juzgó*, ni los detuvo. Nadie pidió perdón. Es más, occidente tuvo la cortesía de dejarles un escaño en representación de Camboya en la Asamblea General de Naciones Unidas hasta 1991. Los asesinos respresentando a sus vícitimas. Un aplauso para occidente, claro que sí. Un gran, gran aplauso porque así muere la justicia. Con un atronador, estruendoso y horripilante aplauso.

 

*Gracias a la valentía de 10 víctimas que vivieron aquel horror y denunciaron en 2008 a los Jemeres Rojos se inició un proceso “Caso n. 002″ en el que se juzgaría a 2 de sus principales líderes. El 4 de agosto de 2014 la resolución del tribunal los declaraba culpables y los sentenciaba a cadena perpetua. Os dejo un documental con subtítulos de apenas 30 minutos sobre el caso. Muy recomendable:

 

 

 

 

AnaMGuiot

Me llamo Ana María Guiot. Tengo 30 años, suelen echarme 25 y, por mi forma de ser podría tener 20. Me gustan muchas cosas: el cine, instagramear todo lo que es bonico, leer, la música indie, las gafas de pasta, viajar, escribir y reírme. Reírme mucho.