De Vietnam a Laos: viajes que no recordaré

La idea era llegar desde Sapa, en Vietnam, hasta Luang Namtha, en Laos. Un total de 594km hasta este pueblito desde donde dicen se pueden hacer algunos de los mejores trekkings en Laos. OK. Era un viaje largo si lo comparábamos con las habituales 5-6 horas de otros trayectos, pero no iba a ser el primero. De Hue a Cat Ba también había tardado casi 24 horas en llegar. Lo que no sabía era la absoluta precariedad de las carreteras que recorreríamos. Este era el plan: un sleeping bus nos recogería en Sapa e iríamos hasta Dieng Bien Phu, a unos kilómetros de la frontera con Laos. Unas 12 horas de viaje. Allí nos recogería una minivan para cruzar la frontera y llegaríamos hasta Luang Namtha. Otras 12 horas aprox. de viaje.

Las cosas empezaron a complicarse nada más coger el primer autobús. El slepping bus no era tan nuevo y cómodo como los anteriores que habíamos cogido en Vietnam. Ok, no pasaba nada. Relax… O no relax. El trayecto empezó y el bus se iba parando cada 2×3 a recoger a gente local. Todo sería de lo más normal si no fuera porque no habían plazas libres y la gente empezó a colocarse en el pasillo. OK. Esto suele pasar en Asia, venden más tickets que asientos hay en el bus/tren/whatever. Lo que ya no moló nada es cuando NO PARABA DE SUBIR gente. Todo sea por ganar unos dinerillos más ¡claro! Había literalmente más gente en el pasillo que en los asientos. Éramos ciento y la madre. Y el colmo fue cuando me desperté en medio de la noche, miré hacía la carretera y vi un “camino” de tierra lleno de baches gigantes, curvas… el autobús se tambaleaba que daba gusto, las ruedas crujían, las ramas nos pegaban por todos lados. Daba MUCHO miedo. Ir por un camino de cabras (ni a eso llegaba) con un bus que sobrepasaba de largo el peso que podía llevar… GENIAL. Pensé que moriríamos todos allí por aplastamiento en medio de la nada en Vietnam.

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Paco en su “camita”. Los europeos de más de 1,60cm tienen serios problemas para entrar en los sleeping bus asiáticos

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El pasillo del bus que debía ir vacío.

 

Dios quiso que no pasara nada y llegamos al maldito Dieng Bien Phu. Tras ir a pixar a uno de los peores lavabos que he visitado desde que estoy en Asia os aseguro que ya he visto de todo y he aprendido a mear en mil posturas, con mochila puesta e incluso a mil metros de distancia del inodoro nos subimos a la minivan en dirección a la frontera. Yo ya me sentía agradecida de seguir viva tras el trayecto en el slepping bus pero las cosas no mejorarían cuando llegáramos a la frontera. El visado a Laos cuesta 35$, si es finde es probable que te cobren 1$ más, por el morro, alegando cualquier excusa. Pues a nosotros nos cobraron 5$ más, en diferentes ventanillas y con absurdas excusas, primero 2$, luego 3$… ¡evitamos incluso uno de 2$! Es decir, en vez de 40$ podrían haber sido 42$. Así, porque les daba la gana. Sí señores, así son las fronteras en Asia. “Hola” corrupción.

Con muy mala leche volvimos a la minivan y entramos en Laos. El camino de repente se tornó en una consecución de curvas y más curvas estábamos en plenas montañas y estaba horriblemente asfaltado. De hecho no creo que a eso se le pueda llamar asfalto. Mil baches y temblando todo el rato. ¡Y claro! Tuve la BUENÍSIMA suerte de marearme muchísimo. No era la primera vez que iba por una carretera con tantas curvas pero mira, ese día tocaba ponerse mala de la muerte. Recuerdo que me dio muchísima rabia porque el paisaje era precioso, pude apreciarlo en los pocos momentos en los que abría los ojos para mirar. Yo me encontraba realmente mal, quedaban como 10 horas de viaje y para más inri la minivan también iba parando y que subiera más y más gente. ¡Incluso unos pollos por ahí cacareando!… bueno un desastre total. El mantra chupi-guay de “como mola viajar a lo local” ese día yo lo quería mandar a la mierda y más allá. Hablando en plata. Estaba hasta los mismísimos.

El viaje se me hizo eterno pero acabamos llegando vivos a Luang Namtha. Yo estaba hecha un desastre, necesitaba una cama urgentemente. Los paisajes que había podido apreciar me habían parecido preciosísímos pero acababa de llegar al país y ya estaba harta de él. Ya se sabe, cuando uno no se encuentra bien quiere mandarlo todo a la porra y yo ese día me encontraba com el cul.

Por suerte descansaría y los siguientes días serían lo mejor de Laos. Sin duda.

 

AnaMGuiot

Me llamo Ana María Guiot. Tengo 30 años, suelen echarme 25 y, por mi forma de ser podría tener 20. Me gustan muchas cosas: el cine, instagramear todo lo que es bonico, leer, la música indie, las gafas de pasta, viajar, escribir y reírme. Reírme mucho.