Frío y niebla

Tras realizar el trekking con Mu nos dedicamos a visitar Sapa recorriendo sus calles. Por las noches no podíamos hacer gran cosa ya que cuando el sol desaparecía hacía un frío de otro planeta. De verdad, nunca he pasado tanto frío como el que pasé en Sapa. Seguramente estuviéramos a menos de 0 grados y supongo que no llevar la ropa adecuada no mejoraba la cosa. Pero valió la pena y si digo esto, es porque la valió.

La ciudad es realmente peculiar y cuando aterrizas allí sobre todo si es después de visitar todo el país no puedes evitar preguntarte: “¿Esto es Vietnam?” Viendo sus edificios esta ciudad perdida entre la niebla más bien parece un puerto de montaña de cualquier ciudad europea. Es en esa peculiaridad donde radica su encanto. Además, Sapa domina un valle profundo rodeado de terrazas de arroz por lo que no os van a faltar opciones para sacar buenísimas fotografías de la zona.

La niebla es otro punto a favor. Viene y va. Va y viene. De repente no está y de repente, en segundos, te envuelve y no ves a 2 metros de distancia. Era bonito, era curioso y era fascinante.

Sapa_nieblaciudadteenagerssapa

El frío ya era otra cosa. Como ya he dicho, lo pasé muy mal en Sapa. Paco y Mamen también. Que haga más frío dentro de tu habitación que fuera de ella no es normal, pero así es Sapa. Recuerdo que una de las noches íbamos buscando un lugar con una chimenea y fuego y acabamos entrando en una pequeña “panadería” donde había dos chicas intentando calentarse con una estufilla bastante precaria. Resultaron ser 2 simpatiquísimas chicas de Israel con las que compartimos muchas risas. Cómo no, ellas también estaban alucinadas con el frío que hacía. Literalmente una de ellas me contaba: “Esta noche quería ir al lavabo y he sacado la mano de debajo de las mantas y al ver el frío que hacía te aseguro que me hubiera meado encima antes que salir de la cama”. Se reían. Nos reímos mucho. Y ellas y yo, que habíamos estado antes en Camboya, añorábamos su calor. “Ah Cambodia, Cambodia. The sunny Cambodia”, decía una de ellas. Fue divertido.

pavos cascadas

El día que nos quedó “libre” en Sapa nos fuimos a visitar los poblados más cercanos a la ciudad. Se puede hacer perfectamente a pie y sin contratar ningún tour ¡los venden en la ciudad por un precio abusivo teniendo en cuenta que no hace falta contratar nada!. Hay un sendero de piedra que los recorre hay que pagar una pequeña entrada para entrar y también se puede ver una cascadita pero nada que merezca mucho la pena. Demasiadas tiendas para intentar vender lo-que-sea al turista. Y demasiados turistas.

Sapa se quedará en mi memoria por su niebla, su horrible frío y el estupendísimo día que pasamos junto a Mu. Ojalá pueda volver.

 

AnaMGuiot

Me llamo Ana María Guiot. Tengo 30 años, suelen echarme 25 y, por mi forma de ser podría tener 20. Me gustan muchas cosas: el cine, instagramear todo lo que es bonico, leer, la música indie, las gafas de pasta, viajar, escribir y reírme. Reírme mucho.