Ah… Luang Prabang, Luang Prabang

Me he enamorado de muchos sitios en Laos. Muchos. Por eso, cuando miro atrás y recuerdo mi paso por Tailandia, Camboya y Vietnam no puedo si no pensar que Laos es el más bonito de todos. Esa es mi opinión. Pero este viaje me está enseñando que jamás debes ir o no ir a un lugar por la opinión de otros. En este viaje más que nunca me he dado cuenta de la subjetividad de nuestras opiniones. Y es que un día conoces a alguien que te dice que le ha encantado Vietnam, y otro día conoces a otro que te dice que le ha decepcionado. Un día te topas con quien te dice que las 4000 islas no le gustaron porque estaban muy sucias, y yo ahora mismo estoy escribiendo desde una de sus islas (Don Khon), encantada de la vida y súper relajada. Esto es muy bonito. Subjetividad, subjetividad. Si quieres descubrir si un sitio te gusta o no, deberás ir y descubrirlo por ti mismo.

Luang Prabang no deja de ser otro cúmulo de opiniones enfrentadas. La gente se queja muchísimo de esta ciudad porque dicen “es muy turística”. ¿Qué esperabais, chicos? ¿Tenerla para vosotros solos? ¿De verdad? Una ciudad declarada Patrimonio Mundial, con hasta 33 templos budistas amparados por la Unesco, una arquitectura colonial preciosa y un enclave envidiable en una península delimitada por los ríos Mekong y Nam Kha… ¿De verdad pensáis que los demás —al igual que vosotros— no quieren visitarla? Me hace mucha gracia. ¡Muy turística! No sé qué pensarán de Bangkok o de Hanoi, entonces.

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Llegué a la ciudad llena de miedos por el “es una ciudad muy turística” y me encontré a una inofensiva Luang Prabang. Eso no es turístico. No lo es para mí, después de visitar otros lugares de Asia. Es más, teniendo en cuenta que es la ciudad más importante de Laos, me pareció bastante calmada y relajada. Por supuesto que hay muchísimos restaurantes, puestecillos en la calle, oficinas de turismo… todo preparado para el viajero pero en serio, comparada con otras ciudades, Luang Prabang es un gatito tranquilo que ronronea adormilado. Yo me enamoré y por primera vez desde que llegué a Asia pensé que no me importaría quedarme una buena temporada viviendo allí.

Luang Prabang ofrece muchísimas cosas al viajero. Nosotros pasamos el primer día visitando la ciudad y sus templos más importantes: la montaña Phu Si, el espectacular Wat Xieng Thong o el museo del Palacio Real. Por las tardes deambulábamos —o “brujuleábamos” como decía Paco— por las calles de la ciudad. Imprescindible ver el atardecer sobre el río desde uno de los miles de cafés asentados en la rivera o tomarse un croissant en el famoso Le Banneton. Tampoco se puede omitir el bullicioso mercado nocturno tanto para cenar como para comprar.

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El Wat Xieng Thong, símbolo de la ciudad.

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Una de las muchas esculturas que hay en la montaña de Phu Si.

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Puente de bambú para cruzar al otro lado de la península.

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Además de recorrer la ciudad de pe a pa hicimos un par de excursiones. Una a las cascadas de Huang Si que os recomiendo al 100%, son muy muy muy bonitas. Y otra a las cuevas de Pak Ou que, personalmente, no me mataron nada. Me quedo más con el trayecto en barca por el Mekong —aunque es incomparable al trayecto que hicimos en el norte—.

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Al pie de las cascadas hay un refuigo del oso luna.

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¿Mi consejo? Visitad Luang Prabang y olvidaos de prejuicios. Dejad que todo fluya y la ciudad os acogerá con un inofensivo y tierno abrazo.

 

AnaMGuiot

Me llamo Ana María Guiot. Tengo 30 años, suelen echarme 25 y, por mi forma de ser podría tener 20. Me gustan muchas cosas: el cine, instagramear todo lo que es bonico, leer, la música indie, las gafas de pasta, viajar, escribir y reírme. Reírme mucho.