Dando vueltas por la meseta de Bolaven

Tras dejar Vientián nuestro objetivo era el sur de Laos, en concreto la meseta de Bolaven. Nos habían dicho que era tan bonito como el norte —aunque tras visitarlo puedo afirmar que el que opine eso es que va tremendamente fumado—. El norte y el sur del país no tienen nada que ver. Ok, el sur es bonito sí, pero nada que ver con la espectacularidad del norte.

La meseta de Bolaven es la principal región cafetera de Laos, una altiplanicie que se eleva 1500m por encima del valle del Mekong, con zonas frondosas y también llanuras doradas que me recordaban a Camboya. En la Lonely Planet explicaban una rutilla en moto por la meseta y nuestra intención era hacerla entera. Los problemas llegaron cuando no supimos —o no nos decidimos— bien bien desde dónde empezarla.

Aterrizamos en Pakse, la antigua capital indochina y la ciudad más importante de la zona, y desde allí decidimos irnos a Paksong. Cuando llegamos a Paksong descubrimos que el pueblo dejaba mucho que desear —apenas una carretera con locales cada mil millones de metros— y encima ¡no alquilaban motos! Así que vuelta a coger un autobús rumbo a Tat Lo y… aquí sí. Aquí sí nos quedaríamos.

 

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Puesta de sol en Pakse.

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La cascada de Tat Hang, en el propio Tat Lo.

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La cascada de Tad Gneuang, cercad de Paksong.

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Otra cascada (Tad Fane) cerca de Paksong con una caída de agua impresionante. En la foto no se aprecia una caca…

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No puedo evitarlo. ¡Me encantan los cerditos y en Laos los hay por todas partes! Estos en un pueblito que nos encontramos cerca del río de Tat Lo :)

 

Tat Lo, a 90 kilómetros de Pakse, es un pueblito de apenas unas calles, ideal para descansar y hacer alguna que otra excursioncita. En el propio pueblo está la cascada de Tat Hang, bastante bonita; y en las cercanías, si se alquila moto, se pueden ver otras dos realmente preciosas —están cerca de Paksong—. Pasaríamos los días relajadamente, haciendo algún trekking por nuestra cuenta, explorando la zona con moto, comiendo sin parar en el restaurante Mama Pap’s y haciendo algún picnic junto a la cascada del pueblo. El primer día coincidimos, por fin, con Marta y estuvimos de charla toda la tarde y noche. Al día siguiente Marta se marchaba pero llegaban Calin y Despina, ya considerados compañeross habituales de la ruta.

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Picnic improvisado en la cascada de Tat Lo.

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La tropa desayunando en Mama’s Pa.

 

Tras dejar Tat Lo ya sólo quedaba un posible lugar a visitar antes de dejar Laos: Si Phan Don, o lo que es lo mismo, las 4000 islas. Primero quería ir, luego no quería ir y al final pensé: “Ya que estoy aquí, ¿por qué no voy?” Así que tras unos relajados días en Tat Lo nos despedíamos de Despina y Calin —ellos querían hacer una ruta en moto más larga— y nos marchábamos de nuevo a Pakse para, al día siguiente, coger un autobús rumbo a Si Phan Don.

 

AnaMGuiot

Me llamo Ana María Guiot. Tengo 30 años, suelen echarme 25 y, por mi forma de ser podría tener 20. Me gustan muchas cosas: el cine, instagramear todo lo que es bonico, leer, la música indie, las gafas de pasta, viajar, escribir y reírme. Reírme mucho.