Laos, la tierra del millón de elefantes

Desde que llegamos a Laos, Paco, Mamen y yo teníamos claro que queríamos ir a visitar a los elefantes. Laos fue antaño conocida como la tierra del millón de elefantes, aunque desgraciadamente ya no es tan así y estos animales luchan por sobrevivir en un país donde se les utiliza —y a veces explota— como animal de carga. Y ahora, también, para diversión del turista.

Cuando visitéis el sureste asiático y queráis hacer la gracieta de ver elefantes, tigres o al animal que sea, deberíais recordar que son seres vivos, no juguetes para nuestra diversión. Tener a un elefante todo el día dando vueltas a un circuito cargando a turistas uno tras otro, uno tras otro, uno tras otro, no me parece una vida ideal, más bien me parece muy triste. E injusto. Tras mi horrible experiencia en Tailandia en una excursión de este tipo no quería volver a meter la pata. Sólo estaba dispuesta a pagar si iba a un lugar donde supiera al 100% que se cuidaba a estos animales, que se luchaba por ellos y que no se les utilizaba para sacar los cuartos al turista. Ellos sufren y tú te ríes y dices “oooooh” mientras los ves haciendo chorradas como pintar un cuadro o darle una patada a una pelota, o te subes encima para recorrer un circuito cerrado. Tras 15 minutos —o los que sean— tú te bajas de su espalda, pero a él aún le quedan ¿cuántos? ¿100? ¿200 turistas más por cargar ese día? Triste, muy triste. Y así día tras día. No pensaba contribuir a ello.

En Laos, por muchos anuncios que veáis solo descubrimos un sitio 100% fiable: el Elephant Conservation Center en Sayaboury. Allí cuidan de estos animales lo mejor que pueden, tienen la única clínica veterinaria de todo el país y, por supuesto, también los enseñan a los turistas porque, seamos sinceros, con eso ganan dinero para seguir su programa. Eso sí, la manera en que el turista y el elefante tienen “contacto” no tiene nada que ver con las que ofrecen en otras excursiones.

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Al llegar al centro lo primero que hicieron fueron explicarnos cuáles eran sus objetivos y qué intentaban hacer allí. Nos explicaron cómo son los elefantes y cómo funciona el centro veterinario. Después nos fuimos a la “enfermería” una zona un poquito alejada donde tienen a las elefantas embarazadas —para que estén tranquilitas— y conocimos a Comdee. La elefanta vino directa a la orilla y le estuvimos dando de comer un buen rato, luego se dio un bañito y desapareció en la jungla. Durante el día vimos a más elefantes bañarse unas cuantas veces, siempre solos, para no perturbarlos. Y por la tarde estaríamos con ellos acariciándolos y disfrutando de su compañía. Fue precioso y fue lo que buscaba.

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Comdee acercándose hasta el barquito donde estábamos.

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Aquí la tenemos, entrando “hasta la cocina” para buscar plátanos y caña de azúcar.

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Si queréis ayudar y conocer a estos animales no hay mejor manera que visitar este centro. Del resto de tours, espero que huyáis.

 

AnaMGuiot

Me llamo Ana María Guiot. Tengo 30 años, suelen echarme 25 y, por mi forma de ser podría tener 20. Me gustan muchas cosas: el cine, instagramear todo lo que es bonico, leer, la música indie, las gafas de pasta, viajar, escribir y reírme. Reírme mucho.