¡Feliz 100!

Hace 100 días que me fui de Barcelona. 100 días viajando por ahí. ¿Cómo imaginar entonces dónde estaría hoy? ¿Sabéis dónde estoy? En Kuala Lumpur, mi última parada en Malasia. A mis espaldas llevo Tailandia, Camboya, Vietnam, Laos, Singapur y, por supuesto, Malasia. Casi 9000 kilómetros recorridos… ¿Quién me iba a decir que 100 días después estaría alojada con un couchsurfer, Kim de lo más majete en la planta 20 de un “condominium” de Kuala Lumpur? Nadie.

Nadie podía decirme que mañana llegará Marta, que pasaremos y celebraremos por todo lo alto el año nuevo chino antes de partir a Indonesia, la última frontera, el próximo día 21. Y que espero volver a ver a Calin y a Despina allí, entre islas, arrozales, aguas cristalinas, volcanes y dragones de komodo. Todo eso me espera allí. En apenas unos días.

10.570 km me separan de “casa”. Echo de menos a personas, sobre todo. Nada más. Me he acostumbrado -rabiando- a las 4 cosillas que llevo en mi maletilla y mi mochila. Mucha gente se sorprende cuando me ve “¿Sólo llevas eso?” Me preguntan. Sí. ¿Será que se puede vivir con tan poco? A veces sueño con mis compras impulsivas jajaja. Imagino que me compro un reloj, unas bambas, unas gafas, una chaqueta… pero son imágenes como de otra vida. Son imágenes de mí misma que ahora no puedo cargar en mi maleta.

Hoy puedo decir que soy mejor que hace 100 días. No es tanto tiempo, pero viajar… ah, viajar… viajar es la mejor manera de aprender. Siempre he dicho que vivimos en una jaula, en una burbuja, donde solo vemos unos pocos metros a nuestro alrededor. La ignorancia de nuestra pequeña jaula… Pensamos que sabemos cuando no sabemos nada. Yo no sabía nada. Ahora sé un poquito. ¿Cómo explicar todo lo que nos perdemos por vivir ahí dentro? Lo que este viaje me está enseñando, todo las imágenes que tengo grabadas en mi memoria, Angkor, Hoi An, Cat Ba, Luang Prabang, las 4000 islas, la niebla de Sapa, abrazar a un elefante, jugar a badminton en Ho Chi Minh City, el skyline de Singapur al anochecer, unas niñitas guiándome por el río, una canción de Bob Dylan paseando por George towntoda la gente que he conocido por el camino y que lo han hecho mucho más especial, Amanecer, Calin y Despina, Paco y Mamen, Marta, Darcy y su familia… todos los sabores que he descubierto y que ni siquiera sabía que existían. Todas las palabras que he aprendido. Todos los gestos de bondad que han tenido conmigo. Gente para la que yo era una completa extraña. E incluso y por supuesto, todos los malos momentos que he tenido: las estafas, el frío de Vietnam, un iPod perdido, las minivan abarratodas, un viaje en el que creí seriamente que podía morir… ¿Que sería del Ying sin su Yang? ¿Y cómo arrepentirse de haber abandonado la jaula? Una vez, hace no mucho, leí: “EL SECRETO DE LA FELICIDAD ESTÁ EN LA LIBERTAD. Y EL SECRETO DE LA LIBERTAD ESTÁ EN EL CORAJE”. Amén. La gente me dice: “Qué suerte tienes, aprovecha”. Bueno, seguramente tengo suerte, no lo dudo. Mi karma siempre está ahí. Pero he sido yo la que he tomado decisiones para estar hoy aquí, no la suerte. Perdí cosas y he ganado otras. La vida es una partida constante en la que juegas a ganar y perder. A veces ganar no depende de dejarlo todo y salir a viajar. A veces sólo depende de emprender aquello que nos hace ilusión, sea algo grande o pequeño. A veces sólo hay que elegir un camino y empezar a caminar.

Lo mejor de un viaje así es que te renueva. Te limpia. Te hace mejor y más fuerte. Ya no tengo miedo. Sí, antes podía tener miedo a algunas cosas. Pero ya no. Sólo vivo y recibo con los brazos abiertos lo que me llega cada día. Sólo dejo que el mundo me sorprenda. ¿Quién me iba a decir que ayer iría a un supermercado local era la única extranjera, ya llevo unos cuantos sitios en los que me encuentro totalmente rodeada de locales para comprar las cosas necesarias para la cena del año nuevo chino? ¿Quién me iba a decir que hoy por la mañana disfrutaría de unas brazadas a solas en la piscina del piso donde me alojo? ¿Y quién me iba a decir que esta noche, como ayer, miraré por la ventana que hay justo al lado de mi cama y veré las luces de los rascacielos de KL, allí, a lo lejos? ¿No creéis que es mágico vivir así? Os reto a algo. Decidme una sola cosa que sea mejor que vivir cada día sin saber cómo será el siguiente. Hago tantas cosas diferentes, estoy en tantos sitios diferentes, estoy con tantas personas diferentes que no suelo recordar lo que hice hace 2 días. Sólo el día anterior. 100 días no me parece mucho. Pero a la vez me parece una eternidad por todo lo vivido. Es como vivir a la velocidad de la luz. Pero cada una de las cosas que he vivido las recordaré para siempre.

Ya no me da miedo quedarme o volver. No me da miedo tener o no tener. No me da miedo no saber dónde estaré mañana, el mes que viene o el año que viene. No me da miedo no saber qué pasará mañana, el mes que viene o el año que viene. Porque yo lo decidiré. Y además cuento con la ayudita inestimable de mi karma que jamás me abandona.

Tras 100 días creo que empiezo a ver el final del camino. Bueno.. quizá la palabra “final” es demasiado grande. No habrá un final. Solo un “hasta la próxima”.

¡FELIZ 100!

 

AnaMGuiot

Me llamo Ana María Guiot. Tengo 30 años, suelen echarme 25 y, por mi forma de ser podría tener 20. Me gustan muchas cosas: el cine, instagramear todo lo que es bonico, leer, la música indie, las gafas de pasta, viajar, escribir y reírme. Reírme mucho.