7 días en Singapur (I)

 

Así ha sido mi visita al país. Llena de experiencias, locuras, gente y comida, mucha comida.

1. Lunes – Haciendo la cobra nada más llegar
Llego a Singapur después de un viaje de 8 horas en un autobús “de lujo” en el que sólo íbamos 7 personas. He quedado con un chico del couchsurfing que se ha ofrecido a enseñarme la ciudad. Habían sido muchos los que me habían escrito y pensé, “¿Por qué no? Cuando llegue será tarde y no sabré qué hacer”. El chico se ofrece a llevarme a cenar. Le digo que me gusta la comida india y busca un sitio riquísimo. Damos un paseo por Little India, él va como un pincel… muy majete. Cuando me deja en el hotel intenta darme un beso. Demasiadas horas en bus. No, no, no. Así que sin mucho esfuerzo me meto en mi habitación-caja-de-cerillas que comparto con 3 chicos más deseando que la noche pase rápido. No es así. El que está en mi litera de abajo ronca. Genial.

 

2. Martes – Conseguir una VISA sin pasaporte
Me levanto temprano para salir pitando de esa caca de habitación. He quedado con mi futuro host, me va a alojar 3 noches en la ciudad. Cojo el metro y llego hasta la estación donde está su casa. Llega puntual y me parece de lo más majete y divertido. Me dice si vamos juntos a desayunar pero le digo que tengo prisa porque quiero ir a conseguir mi visa para Indonesia y las “applys” sólo son hasta las 12. Son las 9:30. Así que vamos hasta su casa rapidito. Tengo una habitación para mi sola, me dejan una toalla, peine, agua… de todo. ¡Voy a estar como una reina! Darcy así se llama vive con su madre aunque en ese momento no está en casa. Preparo todos los papeles, hacemos fotocopias, imprimimos las cosas que necesito y salgo pitando. Voy justa de tiempo. Cuando ya estoy en el tren y llevo 2 largas paradas de repente pienso: “Le he dado el pasaporte para que me lo fotocopiara pero… ¿me lo ha devuelto? ¿Se lo he pedido? ¡Dios creo que no!”. Lo compruebo y efectivamente, el pasaporte está en casa de Darcy. “GENIAL ANA MARI. Vas a solicitar una VISA y te dejas el pasaporte. LO MÁS IMPORTANTE.” ¿Qué hacer? No sé si habrá alguien en la casa, no tengo internet en Singapur para hablar con Darcy… me la juego y decido volver. Cuando llego nadie me contesta… parece que no hay nadie. Me llega el wifi de la casa y escribo a Darcy diciéndole lo desastrosa que soy. Mientras sigo lamentándome en la puerta me contesta y me dice que sí está en casa. Aparece con el pasaporte en la mano y diciéndome que estaba al teléfono. Me dice “run, run”. Y yo como Forest Gump salgo corriendo porque voy tardísimo. Al final llego por los pelos y cogiendo un taxi desde la estación al consulado, si no, no habría llegado. Por cierto, en el consulado me timan mil. Me dicen que la foto que les doy una normal, tamaño carnet es muy pequeña. ¿Pequeña? La he usado en todas las fronteras que la han necesitando y jamás me han dicho nada… EXCUSAS. Tienen un chiringuito fuera para hacer fotos por el que me cobran 6€. 4 mierda de fotos CON FONDO ROJO, por más de 6€. Cabrones.

Por la tarde visito la zona de Marina Bay. Veo por primera vez el Marina Bay Sands y los rascacielos de alrededor. La verdad es que impresionan. Me doy una vuelta por el centro sin tener muy claro el rumbo, hace ya mucho que no le hago ni caso a las guías, sólo camino y me pierdo. Me topo, sin saberlo ni quererlo, con el Thaipusam, un festival indio donde los peregrinos se clavan en torso, brazos, cara, labios y lengua agujas… interesante de ver, y doloroso. He quedado con Darcy para cenar. ¡Qué simpático es el chico! Al llegar a su casa por la noche conozco a Irene, su madre. Me ofrece fruta para cenar ¡otra vez! y charlamos unas 2 horas. Me parece muy majeta también. Me voy a dormir, estoy hecha polvo del estrés del día.

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3. miércoles – El número 7
Me levanto e Irene me ofrece desayunar. Le digo que no hace falta, que ya me compraré algo por ahí, pero insiste. Le digo que OK y me voy a la ducha. Cuando salgo me veo un plato de espaguetis a la boloñesa encima de la mesa. No son ni las 9… OK.

Salgo a visitar Little India y China Town por la mañana y nada más bajar de la parada del metro me aborda un señor indio y me dice que es una especie de sacerdote y que ve que tengo muy buen corazón y muy buenas intenciones y blablabla pero que hay cosas que me están “frenando” mi buena suerte blablablabla. De repente escribe algo en un papel, lo dobla, me lo pone en la mano y me dice que la cierre. No sé qué hay escrito en el papel. Me sigue hablando y al final me dice que escriba un número del 1 al 10 en una libretita que tiene en la mano. Escribo un 7. Mi número favorito. Me sigue hablando. Al rato me dice que mire el papel que me había dado, el que tenía hace mil años en el puño. Lo abro. Hay un 7. Flipo culuraines. Ok, ok, no es tan difícil acertar. Hay un 10% de probabilidades……… me siento con él a escucharlo. Siempre he querido hacer algo así, por curiosidad ¿por qué no hacerlo aquí? Me explica unas cuantas cosas y al final me dice que tiene que rezar por mí porque hay 2 cosas que bloquean mi buena suerte. Que solo la tengo al 45%. Vuelve a sacar un papel, lo veo escribir cosas en él. Lo dobla y me lo da, como la primera vez. Me dice que cierre el puño. Me sigue hablando. Blabla, blibli, blublu. Me dice que ahora voy a tener que escribir 4 números del 1 al 10. “¡Ja! Si ha escrito o intentado escribir 4 números en el papel que yo ya tengo en la mano es imposible que los haya acertado”, pienso. Antes de escribirlos me pregunta mi edad y cuántos hermanos somos. 30 y 3. Los apunta en la libretita. Me dice que escriba 4 números más del 1 al 10. Hasta el último momento no me decido. Al final escribo: 1, 2, 5 y 7. Me dice que si puede ayudarme los números del papel el que llevo en la mano desde hace rato coincidirán. Que tendrá que rezar 7 días por mi, que tendrá que comprar velas y cosas y blablabla y que tendré que pagarle para eso, claro. Me dice que si no coinciden es que no puede hacer nada por mí. Pienso que es una excusa, que obviamente no puede acertar 4 números y así, el hombre, no queda mal. “Ah, lo siento no coinciden, no puedo ayudarte”. Yo ya le había pagado un poco por la “sesión” así que ya había conseguido dinerillo. Está claro el juego. Entonces me dice que abra el papel. Lo abro. En el papel hay escritos un 1, 2, 5, 7, 30 y 3. Tal cual. Tal cual. Tal cual. Aún hoy sigo sin entender aquello. Bueno, no hay mucho que entender. Aquel hombre acertó 7 números. No hubo trampa posible. Os lo aseguro. Yo no creo en estas cosas. No hubo trampa. Le pagué para que rezara por mí. ¡Que más da! ¡Que rece, que rece!

Se pone a llover y no puedo visitar decentemente Little India, tampoco China Town. Como en el centro y por la tarde me voy a la isla de Sentosa. No sé cómo definirla. Es como un parque de atracciones… qué digo ¡es un parque de atracciones! Lleno de teenagers. Bueno, no está tan mal y al menos he visto la playa en Singapur.

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AnaMGuiot

Me llamo Ana María Guiot. Tengo 30 años, suelen echarme 25 y, por mi forma de ser podría tener 20. Me gustan muchas cosas: el cine, instagramear todo lo que es bonico, leer, la música indie, las gafas de pasta, viajar, escribir y reírme. Reírme mucho.