Piloto: AnaM Guiot

Quizás toda la culpa sea de ese cuento que nos explican cuando somos pequeños. El de la cigarra y la hormiga. ¿Aquél en el que aprendemos la lección de la vida? La hormiguita trabaja y trabaja y trabaja y trabaja mientras la cigarra se lo pasa en grande y disfruta de la vida. Al final resulta que la cigarra no acaba bien. Aquel satánico pandemónium no podía acabar bien. CIGARRA MALA. MALA. MALA. Y se queda tirada en una esquina sin comida, ni trabajo, ni amigos, ni parientes… Sin nada. Muerte y destrucción. Así que todo debe empezar ahí. Nos convertimos en ese pequeño engranaje del sistema.

No sé si yo seré un engranaje roto, estropeado, pero ¿qué pasa cuando no quieres ser hormiga? Vale, OK. Quizá ser cigarra es demasiado ideal. Pero el otro día jugando con mi sobri en el parque vi una cosa espectacular: hormigas con alas, ¡con alas! (sabía que existían, sí, pero no me acordaba de ellas ¿vale?). Quizá uno puede simplemente mandar a la mierda al sistema y apostar por lo que quiere. Porque todas las grandes cosas nacen de un gran salto al vacío. Dicen.

Y todo esto es muy bonito ¿verdad? La realidad es esta: estoy hasta los mismísimos de odiar los lunes, de ansiar los viernes. De “vivir” sólo 2 días a la semana. Así que he decidido que al menos durante un tiempo los domingos dejarán de ser ese día depresivo, y los lunes dejarán de ser ese día en el que definitivamente odias tu vida. Por un tiempo todos los días de mi vida serán un radiante, espectacular e infinito VIERNES. Sábado no, chicos. El momento orgásmico siempre es el viernes.

¿Os apuntáis al guateque?

AnaMGuiot

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